domingo, 19 de febrero de 2017

La realidad del cambio climático.



       Abraham Ortelius nació en Amberes 1527/1598, fue un geógrafo y cartógrafo conocido como el Ptolomeo del siglo XVI. Con Mercator es conocido como el padre de la cartografía. Su obra más conocida es el Theatrum Orbis Terrarum, considerado el primer atlas moderno. Su primera versión contenía 70 mapas. 56 de zonas de Europa, 10 de Asia y África, y uno de cada continente. Ortelius fue nombrado geógrafo del Rey Felipa II, un cargo que le permitió acceder a los conocimientos acumulados por los exploradores Españoles y Portugueses.


     Ortelius realizó una selección de los mejores mapas disponibles, que redibujó con un formato uniforme para la edición de su obra, y estableció un orden lógico de los mapas Europa, Asia, África, Nuevo Mundo. También incluyó una lista con los nombres de los autores de los mapas. Este atlas tuvo un gran éxito, sobre todo por su tamaño y formato; fue editado en diversos idiomas, que no cesó de actualizarse y mejorarse hasta 1612.

     Theatrum Orbis Terrarum 1570, mapamundi.



     Sin ninguna duda es una cartografía muy exacta para la fecha en que fue realizada, en el siglo XVI , algo que resulta muy interesante es la cartografía de los polos en esta época, se aprecia con facilidad que los navegantes de esa época cartografiaron el polo norte circunnavegándolo, algo que supuestamente sería imposible sin el deshielo actual producido por el cambio climático, o calentamiento global de nuestros días, producido supuestamente por la acción del hombre, la contaminación y los gases invernadero. ¿O quizás la poca cantidad de hielo actual es normal en un sistema cíclico de glaciaciones del planeta?

 
     Según esta imagen, donde tendría que estar el hielo marcado con  una  franja roja, situación que ocurría en los años 70, y que tendría que ser la posición normal según nos dicen, en el siglo XVI los navegantes no podrían haber cartografiado el polo circunnavegándolo como lo hicieron en los mapas de Abraham Ortelius. Esto nos indica que en el siglo XVI el casquete polar se parecía más al que tenemos hoy en día que al que nos dicen que es el tamaño normal del casquete polar norte.
Otra singularidad del mapa de Abraham Ortelius es el polo sur, su extensión se ve significativamente más grande de lo que es hoy en día.
     El comportamiento de la capa de hielo flotante que rodea la Antártida, la llamada banquisa austral, tiene intrigados a los científicos. Mientras que en el Ártico se observa en los últimos veranos una disminución drástica del hielo y ahora hay prácticamente un 30% menos que hace tres décadas, en las antípodas no sucede lo mismo.Es más, por primera vez desde finales de los 70, cuando empezaron las mediciones por satélite, en septiembre del año 2013 se superó la barrera simbólica de los 20 millones de kilómetros cuadrados de extensión. Y todo ello sucede, además, cuando en buena parte del continente, especialmente en los bordes costeros y en la mitad occidental, las temperaturas están aumentando de forma acelerada.           Ahora, un estudio internacional encabezado por investigadores del Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS), con la ayuda del superordenador Mare Nostrum, ha concluido que el fenómeno se debe a cambios en los vientos dominantes, que en la Antártida suelen ser circunpolares -circulares alrededor del polo Sur en dirección oeste-este- pero que en los últimos muestran también una dirección sur-norte. Concretamente, vientos que se forman en las zonas más frías del interior se están expandiendo por zonas exteriores y ello favorece la generación de más hielo sobre el mar.
     «Eso se apreció claramente el año pasado», pone como ejemplo el primer autor del trabajo, François Massonnet, investigador posdoctoral de la Universidad de Lovaina (Bélgica) y miembro del equipo de Ciencias de la Tierra del BSC-CNS.

     Así se forma el hielo

     Pese a la dramática situación en la península Antártica y otros sectores, la banquisa austral crece a un ritmo medio de 10.000 kilómetros por año. «Se han propuesto varias hipótesis para explicar el fenómeno, pero el viento es la más satisfactoria», prosigue Massonnet. Una vez los vientos fríos llegan a las zonas exteriores y empujan el hielo costero hacia el exterior, crean áreas de agua abierta (conocidas técnicamente como polynyas) que ayudan a la formación de más hielo.

 

     ¿Por qué en las noticias y en todos los medios de comunicación nos hablan del deshielo del polo norte y no nos hablan de la acumulación de nuevos hielos en el polo sur?
El estudio, que forma parte de un informe titulado Explicando Eventos Extremos desde una Perspectiva Climática, lo publicó ayer la Sociedad Meteorológica de Estados Unidos (AMS). Entre los firmantes están también Francisco Doblas-Reyes, Virginie Guémas y Neven Fuckar, todos ellos del BSC.
     Una de las principales hipótesis para explicar el comportamiento anómalo era hasta ahora el descenso de los niveles de ozono estratosférico sobre el polo Sur, lo que estaría ocasionando un enfriamiento de la atmósfera, pero Massonet considera que no es una opción suficiente. Tampoco cree Massonnet que el proceso sea debido a una presencia mayor de agua dulce en las costas -con un punto de congelación más alto- debido al derretimiento del hielo continental.
     Y lo mismo sucede con la posibilidad de que todo sea debido a los cambios en la circulación marina. El océano Antártico consta de una capa de agua fría cercana a la superficie y una capa más cálida por debajo. Teóricamente, cuando esta última asciende hacia la superficie, derrite el hielo, pero a medida que aumenta la temperatura del aire, la cantidad de lluvia y nieve también aumenta. Es decir, se acaba formando más hielo. Sin embargo, por ahora no se aprecian cambios importantes en las precipitaciones, «aunque se ha de tener en cuenta que hay poca información» en este terreno, precisa el investigador del BSC. Tampoco se dispone de datos de muchos años, añade, sobre la evolución del grosor del hielo continental, «algo que es además muy difícil de medir».
     En el mapa del mundo de Abraham Ortelius se ve perfectamente esta diferencia de tamaño entre el polo sur actual y el que cartografiaron en el siglo XVI
     Una cuestión interesante es que el polo sur alcanza temperaturas más extremas que el polo norte.      ¿Por qué hace más frío en el Polo Sur que en el Polo Norte?
     En el Polo Norte la temperatura mínima que se ha registrado es de -70 grados centígrados. Si esto ya resulta escalofriante, esperen a leer la del Polo Sur para caerse de la silla: -89,6 grados centígrados.
     Se registró el 21 de julio de 1983 en la estación rusa de Vostok a una altitud de 3.400 metros.
El Polo Sur es más frío que el Norte y la razón es sencilla: el Polo Norte es en su inmensa mayoría un mar helado (el Océano Ártico) y el Polo Sur es un continente helado (la Antártida).
     El agua absorbe el 95% de la radiación solar que incide y refleja tan solo un 5%. Por su parte, la tierra refleja hasta un 35% de las radiaciones. Es decir, los océanos absorben más calor que los continentes y así, es más difícil alcanzar temperaturas bajas.
     “La superficie de hielo que se forma en el Polo Sur es casi ocho veces más grande que en el Norte“
     Además, “al encontrarse sobre un continente y a 3.000 metros de altura sobre el nivel del mar, la superficie de hielo que se forma en el Polo Sur es casi ocho veces más grande que en el Norte, por lo tanto refleja más rayos de sol y disminuye la temperatura”, explica a RTVE.es el meteorólogo Emilio Rey.
     Para rematar, en el invierno austral, el Océano Glacial Antártico se hiela casi en su totalidad, duplicando el tamaño de la Antártida, y reflejando el 80% de la radiación que llega.
Y además, esta radiación calienta menos, porque llega con una inclinación mucho mayor que en el Polo Norte porque "cuando es invierno en el sur, la Tierra se encuentra más lejos del Sol que cuando es invierno en el Polo Norte", señala Rey. En definitiva, el Polo Sur tiene todas las papeletas geográficas para ser el lugar más frío de la Tierra.
     Bien, a estas alturas de la investigación tendríamos que preguntarnos, ¿si después del siglo XVI ocurrió algo climáticamente significativo?

La Pequeña Edad de Hielo: ¿por qué en los siglos XVI y XVII se enfrió la Tierra?

 

     La última glaciación, denominada Würm, comenzó hace 100.000 años y terminó hace 12.000 años en el período denominado Würm IV, con el que terminó el Pleistoceno Superior tanto en España como en Francia.
      Posteriormente el mundo ha vivido una serie de etapas climáticas frías en las que la población ha pasado por penurias diversas.
     Brian Fagan definió como Pequeña Edad de Hielo a un período entre 1300 y 1850 en su libro ya clásico, publicado en castellano hace 7 años. Las hambrunas medievales, la denominada Peste Negra, la colonización vikinga de Groenlandia o la expansión del Imperio Mongol desde Asia hasta occidente tuvieron lugar a mediados del siglo XIV y todos estos acontecimientos históricos tuvieron una estrecha relación con el cambio climático.
El planeta se enfrió por causas desconocidas entonces, pero la climatología afectó severamente al devenir histórico en el siglo XVI. 1450 es un año en el que se documentan inviernos tan gélidos que no se recordaban, y los 7 años posteriores no lo fueron menos; además, las tormentas eran el pan nuestro de cada día.
Otra cuestión científica que tenemos que tener en cuenta en esta situación son las poco conocidas corrientes termohalinas. La Circulación termohalina, también llamada Correa Transportadora Oceánica, desplaza agua entre la superficie y las profundidades por todo el mundo.

Circulación Termohalina: La Correa Transportadora Oceánica 

 

     Nuestro planeta tiene varios océanos, el Pacífico, el Atlántico, el Índico, el Árctico, y el Océano del Sur. Mientras tenemos diferentes nombres para ellos, no están en realidad separados. No hay muros entre ellos. El agua se mueve libremente entre los océanos. Todos están conectados en un océano global.
      Si visita una costa y observa el océano verá que el agua está en constante movimiento. Olas rompen en la playa, las mareas mueven agua arriba y abajo dos veces al día, corrientes costeras y resacas alejan a nadadores desprevenidos de sus toallas. Estas son sólo algunas de las maneras en que se mueve el agua de mar en pequeñas escalas. El agua de mar también se mueve en escalas mayores.   Hay un gran patrón de movimiento del agua de mar alrededor del océano mundial. Este patrón es motivado por cambios en la temperatura y salinidad, que afectan la densidad del agua. Este patrón es conocido como Correa Transportadora Oceánica o circulación termohalina. Afecta desde el agua superficial hasta el agua del océano profundo, moviéndolas alrededor del mundo.
     La Correa Transportadora Oceánica mueve el agua muy lentamente, a un máximo de unos 10 cm por segundo, pero mueve una enorme cantidad de agua. Este patrón de circulación desplaza 100 veces la cantidad de agua del Río Amazonas. El agua se mueve fundamentalmente por diferencias en la densidad relativa. El agua más densa se hunde bajo el agua menos densa. Dos cosas afectan la densidad del agua de mar, temperatura y salinidad. Agua fría es más densa que agua cálida.
  • El agua se enfría cuando pierde calor hacia la atmósfera, especialmente a altas latitudes. (Los polos)
  • El agua se calienta cuando recibe energía solar, especialmente a latitudes bajas.
     Agua más salada es más densa que agua menos salada.
  • El agua se hace más salada si la razón de evaporación es alta.
  • El agua se hace menos salada si hay una entrada de agua fresca, ya sea de hielo que se derrite, precipitación, o desde tierra.
     En el Atlántico, la circulación del agua de mar es forzada actualmente por las diferencias de temperatura. Agua que se calienta cerca del ecuador viaje por la superficie de los océanos hacia latitudes altas, donde pierde parte del calor a la atmósfera (manteniendo temperaturas relativamente templadas en Europa y Norte América). El agua así enfriada se hunde hacia las profundidades y viaja por el océano mundial, posiblemente no saliendo a la superficie por centenares e incluso miles de años.  Existe la preocupación de que si el Árctico se calienta y más hielo marino se derrite, la entrada de agua fresca provocará que el agua de altas latitudes sea menos densa. Agua menos densa no podrá hundirse y viajar por el océano mundial. Esto podría detener la correa transportadora oceánica y cambiar el clima de los continentes europeos y norte americano.
     Bien, entonces si como se ve en las distintas pruebas expuestas, el cambio climático no está producido por la acción directa del hombre, ¿a quien le interesa el hacernos creer que somos los responsables del deshielo del polo norte?
     El cambio climático ha pasado a ser uno de los principales desafíos que enfrenta el mundo en materia de políticas económicas. De conformidad con el cometido y el ámbito de especialización de la institución, el FMI se centra en los desafíos fiscales, financieros y macroeconómicos. La aplicación de cargos generalizados a los gases de efecto invernadero, como un impuesto sobre el carbono, constituye el instrumento más eficaz para promover el uso de combustibles más limpios y reducir el uso de la energía. Los impuestos sobre el carbono también pueden generar caudalosos ingresos fiscales, representan una prolongación sumamente práctica de la administración de impuestos sobre los combustibles. A mi solo con ver mencionado al Fondo Monetario Internacional en una cuestión climática ya me lo dice todo.
     Curiosamente en las últimas décadas, la industria del cine nos ha familiarizado con el cambio climático y las glaciaciones, títulos como El día de mañana, 2012, documentales como Una verdad incómoda, La era de la estupidez o incluso películas para los más pequeños como, Wall-E de Pixar o Ice Age  (La edad de hielo).

      ¿Intentan decirnos algo que pasara en un futuro cercano?

     Por: P.L.